Los pueblos originarios productores de mezcal enfrentan un ‘despojo cultural’: Vicente Reyes Cervantes


Renato Galicia Miguel

Un “despojo cultural” impulsado por un puñado de empresarios frente a la urgencia de establecer que la bebida constituye un patrimonio intangible e intransferible propiedad de los pueblos originarios, es lo que está en juego en la actual disputa por el Consejo Mexicano Regulador de la Calidad del Mezcal (Comercam).

Esta disputa, como ya se sabe, involucra a un “pequeño grupo” cuya cabeza visible es quien fue presidente del organismo durante los últimos nueve años, Hipócrates Nolasco Cancino, y al grueso de los asociados del Consejo, unos 800 mezcaleros que en asamblea realizada el 15 de mayo pasado eligieron como nuevo presidente a Abelino Cohetero Villegas.

Sobre el tema de ese “despojo” o, si se quiere denominar así, “extracción cultural indebida” habla en entrevista Vicente Reyes Cervantes, el “Hermano Maguey”, un “emprendedor de impacto social” que creó y produjo en 1999, con el impulso de un grupo de inversionistas, la marca de mezcal El Señorío, cuya venta en 2010 marcó el inicio de una inversión creciente en la industria, y que dirigió el Sistema Producto Maguey Mezcal del 2010 al 2014, donde sumó experiencias y conocimientos que lo pusieron en el camino de la conservación y salvaguarda de dicho patrimonio intangible de los pueblos originarios.

Primero, con El Señorío, “estuve presente en la etapa en la que se fue conformando, estructurando y configurando la Denominación de Origen Mezcal (DOM), la industria como tal”, asienta.

Después, dirigiendo el Sistema Producto Maguey-Mezcal, sumé “experiencia. Había presupuesto… aunque también mucha corrupción de Sagarpa”.

Reyes Cervantes ejemplifica su labor en ese organismo con dos planteamientos: “hicimos el primer censo de maguey espadín en Valles Centrales y un poco más allá: incluimos parte de Yautepec y Miahuatlán y luego nos fuimos a Tlacolula, Ejutla y Ocotlán. Fue un trabajo de campo muy extensivo; y también tocamos por primera vez el tema de otras especies, tratamos de sembrar la idea en los sectores gubernamentales –porque no existía en ellos, se centraban en el monocultivo– de que la industria crecería a partir de la diversidad”.

Fue una “lucha interesante”, dice, principalmente porque había “una estructura muy corrompida y con ganas de que el empresario sano se volviera corrupto también. Ahora lo puedo decir: choqué muchísimo con el delegado federal, éramos amigos y terminamos peleados porque había que firmar una bola de cosas que nunca acepté”. 

Con estos antecedentes y de forma previa a entrar al asunto que el Hermano Maguey quiere resaltar, toca primero la actual disputa por la presidencia del Comercam. 

Por principio, hay que aclarar que existen tres fases del Comercam en los nueve años de la presidencia de Hipócrates Nolasco: la primera, con muchos aciertos y cambios en la Norma Oficial Mexicana 070; la segunda, con claros signos de mucho control, poder y dinero, y la última, con una elección forzada en el Campo Marte y un saqueo manifiesto.

Ahora, el problema que veo actualmente en el organismo es que hay “una mezcla de un corporativismo del viejo régimen –vigente en prácticas basadas en el control, el dinero y mucha corrupción– con un pragmatismo empresarial que se ha autoconcesionado el mezcal”. 

Refrenda: a partir del Comercam “se mezcló lo peor del corporativismo con lo peor de los intereses economicistas”, es una relación “muy perversa que, por lo mismo, dejó de ver que el patrimonio cultural denominado mezcal pertenece a los pueblos originarios”. 

Los actores de ese corporativismo y del economicismo nunca “entendieron que la bebida es un patrimonio cultural intangible propiedad de los pueblos originarios que no se puede traspasar y que debe preservarse y conservarse”.

Un montón de las 10 mil 500 comunidades que se rigen por usos y costumbres en Oaxaca se dedican a la producción de maguey y mezcal, y tomando en cuenta eso, lo que “los empresarios están haciendo con su intento de imposición en el Comercam es violentar los derechos de los productores como agremiados y, sobre todo, sus derechos como pueblos originarios”.

Esto constituye “una violación flagrante, gravísima, es un tema de lo más relevante a nivel de derechos humanos, además que estamos hablando de una situación que puede desencadenar un conflicto social”, pues como antecedente hay una lucha de resistencia histórica.

—¿Perteneces al Comercam?

—Sí, como asociado. 

—La elección como presidente del Comercam de Abelino Cohetero Villegas, ¿es parte del mismo problema o ahí sí hay cierta representación de los pueblos originarios?

—Toda, sin temor a equivocarme. 

—La cultura no son edificios, piedras, platillos, bebidas, sino esencialmente personas; productores y palenqueros, en este caso, si quitas a éstos, no hay cultura del mezcal— se le plantea.

Responde: “coincido, no habría tal. El mezcal es un conjunto de factores humanos, todo lo que ocupa la DOM como criterio para que te la otorguen: historia, tradiciones, materia prima, contexto geográfico, personas, su conocimiento, un patrimonio intelectual que está en manos de los pueblos originarios”.

Como sabemos, se le comenta a Vicente Reyes,  el llamado “boom” de principios del siglo XXI reivindicó al mezcal, aunque también inició su industrialización, luego vino una moda que incluyó una comercialización voraz de la bebida y su consumo en ámbitos de estratos económicos medios y altos, al tiempo que casi desapareció su ingesta tradicional en los barrios de la ciudad de Oaxaca y también en las fiestas patronales de los pueblos oaxaqueños, una pérdida grave si se toma en cuenta la carga cultural que eso conlleva.

Además que ahora hay quienes dicen que “el pueblo despreció al mezcal por siglos”, y uno se pregunta entonces dónde dejan a los oaxaqueños que mantuvieron viva la tradición durante al menos 400 años, incluso contra todo tipo de prohibiciones.

—Tocas un tema importantísimo –indica el Hermano Maguey–. El mezcal ha subsistido por siglos a cualquier tipo de imposición. Y eso es justamente lo que me hace pensar que los pueblos originarios lo van a defender a capa y espada porque es su cultura, su patrimonio. 

“También hay una herencia de lucha y resistencia por su legado. Y por eso,  que no quepa duda, van a ir hasta las últimas consecuencias, porque lo que sienten es un despojo. Las autoconcesiones que se han dado algunos personajes del Comercam son un despojo, así se ha interpretado en las comunidades, hay una indignación brutal”.

Esta situación, complementa, “refleja lo que viene sucediendo en la industria del mezcal: muchísimo oportunismo emprendedor o empresarial que va de la mano con un escaso impacto en las comunidades”.

Se ha privilegiado “el modelo de líquido envasado hacia el mercado. A partir de ahí hay una cantidad de ego, un sinnúmero de ejercicios de mercadotecnia que causan que las marcas necesariamente triunfen, incluso tomando como eje principal al maestro palenquero y a la herencia cultural, al patrimonio, pero sin que en el ejercicio real, contable, financiero, haya una repercusión monetaria hacia la comunidad. No existe el componente social por parte del empresario, si bien no faltan excepciones.

“A mí lo que me sorprende es que aquellos que pensábamos que tenían ese compromiso social se voltearon y mostraron una cara que es de completa imposición”.

Redondea la idea Vicente Reyes Cervantes: “la imposición que pretendió hacer un pequeño grupo de empresarios en el Comercam cambió la dinámica y la armonía aparente que existía entre el empresario y el productor, pues aquellos buscaron la hegemonía de sus criterios pisoteando los derechos de comunidades completas”.

—¿Qué tan representativo es el Comercam?

—Es la asociación civil más representativa de la industria del mezcal por una sencilla razón: fue la primera entidad aprobada para certificar y avalar en términos de la DOM y la NOM-070.  Pero hay una gran paradoja, pues cuando el organismo está llegando a su pico de representatividad, un grupo pequeño quiere cooptar su vida democrática y quedarse con el control absoluto.

“Puede haber una escisión histórica, y si el Consejo queda en manos de ese grupo de empresarios, será una cámara que perderá representatividad y validez social”.

Vicente Reyes indica que el empresario está muy seguro de que el mercado va a seguir mandando: ‘el mercado manda, y porque el mercado manda, yo tengo el control del productor’, piensa, pero creo que hay un equilibrio muy delicado, y ese unilateralismo es muy riesgoso para el propio empresario”.

Hay que darse cuenta que “quien entiende la parte del mercado es rey, pero que también lo es quien le entiende a la parte de la producción. Hay un equilibrio que se tiene que admitir”.

Y nunca debe olvidarse que el patrimonio cultural está por encima de la Denominación de Origen, remata un Vicente Reyes Cervantes que pide la intervención del Instituto Nacional de los Pueblos Indígenas.

2 comentarios sobre “Los pueblos originarios productores de mezcal enfrentan un ‘despojo cultural’: Vicente Reyes Cervantes

  1. mu y buen articulo pero hay que reconocer que mezcal es una bebida extraida de un agave el mismo tequila es un mezcaly diferentes tipos de agavesl hay a lo largo y ancho de nuestra republica habra estados que no tienen pero otros como Sonora esta el bacanora en Sinaloa esta los que el pueblo lo llama mezcal bronco que es una variante del espadin. y tiene siglos Sinaloa produciendo Mezcal. y no se le ha reconocido asi como tequila en su momento se producia eso es otro tema por cuestiones politicas no se produce ya. y por la misma razon llego a desaparecer hace unos años la produccion del mezcal. y esta volviendo a producirse.

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