Mezcal sin cruda


Hugo Olivares | Nación Mezcal

No podemos olvidar las noches de farra: esas que sabemos cuándo y dónde comienzan, pero nadie tiene idea de dónde terminarán; donde el despilfarro de la juventud es a manos llenas en esa edad de impulsos, amores y amoríos por todos lados. Sin embargo, también hay que recordar que siempre quisimos saltarnos la cruda al día siguiente, y en algún momento nos arrepentimos de no medir la ingesta de alcohol y mucho menos de no retirarnos de la velada a una hora prudente. Esto nos hacía entender que la cruda era el castigo divino para los feligreses de la fiesta nocturna, parte de “peaje” que había que pagarle a la vida por una noche loca y  de desenfrenos.

Hace algunos días en un artículo que circula por internet –y que al parecer es la sensación–, se afirma que el mezcal no provoca cruda, un tema que ya es conocido en el mundo de esta bebida desde hace tiempo, y lo cual es un dato cierto. Aunque en dicho texto, se habla muy poco de las cuestiones “técnicas” de este secreto, dejando un gran vacío acerca de cómo se debe tomar el mezcal para no padecer la temible resaca, ya que es común para los bebedores no tan inmersos en lo que a materia de mezcal refiere, jugar a la ruleta rusa al beberlo y esperar que al otro día no amanecer con la cabeza explotando por los estragos de la noche anterior y donde la única secuela sea el desvelo. Por otro lado, después de tratar de entender la lógica del mezcal, el por qué hay veces que la cruda es nula, algunas otras leve, y otras despiadada, se puede entender cómo lograr una que una noche de mezcal, se traduzca en un despertar sin cruda.

DE MEZCAL Y OTROS DEMONIOS

Hay  infinidad de comentarios en las redes sociales, donde la gente no solo reniega de haber tomado mezcal, sino que maldice aquel que le dijo que “no hacía cruda”, hablando con desprecio y hasta suponiendo que jamás volverán a intentar siquiera probar de nuevo el mezcal. Es injusto que por ignorar la mejor forma de “besarlo”, se catalogue a la bebida como la peor. En realidad, hay una sensación de lástima por esas personas que no volverán a probarlo, y se perderá de la mejor bebida del mundo. Es ahí donde nace la necesidad de tratar de explicar cómo beber el mezcal, ya que esa misma primera experiencia aleja a cualquiera del mezcal y el universo que representa.

Cabe mencionar que no hay forma de generar una receta de mezcal sin cruda, y que la intención no es otra más que intentar explicar y regalar una de las mejores experiencias que el mezcal nos puede entregar; esa arca perdida que es una noche de copas sin resaca, ya esta espirituosa bebida merece ser apreciada no sólo por sus diversos sabores y aromas, sino porque al ser “el alcohol más perfecto para consumo humano”, merece la pena darse el tiempo de beberlo sin consecuencias.

También hay que decirlo, hay una serie de factores que pueden definir si habrá o no sufrimiento el día siguiente, así que intentaremos describir de la forma más clara posible:

¿QUÉ MEZCAL?

Debido al boom del mezcal, proliferan las marcas a tal grado que mencionar alguna sería en vano, –recordemos que el mezcal tiene infinidad de variantes a lo largo de su proceso de fabricación– ya que hay una diversidad infinita de graduaciones, tipos y aunque los procesos del mezcal son conocidos y definidos, siempre habrá variaciones, incluso entre destilados del mismo maestro mezcalero. Esto nos lleva a la máxima irrefutable: “El mejor mezcal es aquel que te más guste”. Y apegándonos a esto, por regla general, es mejor preferir un mezcal que esté certificado; y no es por desdeñar o menos preciar a los artesanales, que muchas veces por una cuestión de convicción y tradición –razones de las que hablaremos en otro momento– deciden no ajustarse a la norma reguladora. Es más bien pensando en ciudades como la de México o Monterrey, donde un mezcal certificado por el Consejo Regulador del Mezcal (CRM) nos puede garantizar que pasó por un proceso de verificación estándar, donde se controlaron diversos factores como la pureza, el tipo maguey, el proceso de fabricación y que brinda certeza de que es un mezcal 100% elaborado de agave,  y esto nos puede regalar la seguridad que la ingesta será de mezcal y no algún alcohol que lo mismo puede ser maravillosa, que resultar una extraña bebida adulterada o rebajada.

Marbete del SAT y holograma del CRM en un mezcal certificado.

EL SECRETO

Si bien no existe una fórmula matemática exacta para evitar la cruda, sí les podemos compartir la que después de largas jornadas de investigación, prácticas de campo y miles de intentos fallidos, se pudo llegar a la conclusión de que sí hay una forma de evitar la cruda, la cual detallamos a continuación.

Recordemos que venimos de culturas de tequila, ron o whisky, donde el acompañamiento es casi obligatorio, sobre todo en bebidas como ron o brandy, y es por eso que intuimos que el mezcal también se debe acompañar, solo que no sabemos con qué o cómo. La respuesta es más sencilla de lo que imaginamos: agua.

Así es. Muchas veces durante la convivencia nos da por ingerir en la precopa alguna cerveza u otra bebida de nuestra predilección. Esto no es malo –siempre y cuando no abusemos antes de pasar al mezcal–. Lo que sí es terrible, es volver a cambiar una vez que ya comenzamos con el mezcal, cuando se “cansa” el paladar, preferimos refrescarlo con la misma bebida de nuestro gusto o cerveza, repitiendo esto una y otra vez. Esto sin duda es lo peor que puedes hacer en una velada mezcalera, ya que lo único que provocas es que se mezclen en tu interior los alcoholes puros del mezcal, y se mezclen con el de otros licores no tan bien refinados, generando la peor cruda de tu vida al día siguiente.

Es así de fácil: el mejor acompañamiento para una noche de mezcal es un “chaser” de agua con hielo, a la paridad de 1:1. El agua nos ayuda a relajar el paladar y descansar las papilas gustativas, de igual modo nos deja apreciar por más tiempo las infinitas notas que tiene el mezcal. Asimismo, el beber esa cantidad de agua, ayuda a nuestro organismo a asimilar y procesar de una mejor forma el mezcal, que hay que mencionar, ya tiene la propiedad de ser ya “destilado” fácilmente por nuestro organismo. Como punto adicional, puede decirse que no es bueno mezclar tantos tipos de mezcal. Después de probar dos o tres, lo mejor es quedarse con uno de su preferencia y ajústense a él para terminar la noche, ya que variar tanto, nos puede acarrear cierto malestar el día siguiente, aunque no como el de una resaca con los “alcoholes convencionales”.

Otra de las cosas que no debemos olvidar, y que no deja de tener la misma importancia, es que en este artículo nos referimos únicamente a los mezcales jóvenes o madurados en vidrio, ya que los abocados, añejos, reposados o destilados con algún elemento extra, al contener “otro tipo de azúcares y ser alterado su composición química original, el efecto puede ser totalmente contrario al esperado.

Al final, debemos entender que así como el mezcal es mágico, también es celoso. Por eso, su acompañante por excelencia (y más recomendado), y el único que acepta con amor –y nuestro cuerpo también por naturaleza– es el agua natural o, en su defecto, un buen vaso de agua mineral con hielo. Esto es lo único que al tomar mezcal o cualquier otro destilado de agave no debemos olvidar.

ORGANISMOS ÚNICOS

Un punto importante y que no debemos dejar de tocar por honor a la verdad, es que cada persona y es única en muchos aspectos, el organismo por su parte no está excluido, así como la tolerancia al alcohol y la rapidez con que nuestro cuerpo lo procesa y desecha. En eso también influye el estado emocional y físico de cada persona. Con el mezcal, tendremos reacciones distintas si estamos felices o deprimidos; o bien descansados, cargando días de estrés y “malpasadas”. Todo esto también define el tiempo que podamos ingerirlo y permanecer de pié, así como la forma de reaccionar al día siguiente. Por supuesto no puede pasar por alto que todo exceso es profano, y que la dicha de beber mezcal, es disfrutar cada beso que podemos darle a esta bebida.

Recordemos que el mezcal es como el amor verdadero, no se puede pedir todo de él en una sola noche.

¡Salud y hasta no ver la cruz!

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