“El mezcal es una fuente de información que revela su origen si sabemos escucharlo”: Lala Noguera

La incansable difusora cultural del pulque y el mezcal comparte su lucha:

“Las mujeres somos como el maguey, trascendemos a partir de una reinvención del alma”

Lucero Mercedes Cruz Porras | Nación Mezcal


En su fascinación por las formas de la tierra, por revelar la naturaleza alquímica del mundo, Laura Noguera ha realizado una importante labor de promoción del maguey como el gran símbolo cultural de México durante más de diez años.  

 A lo largo de esta travesía, la difusora del pulque y el mezcal ha hecho una declaración de amor por aquellos destilados que recuerdan su origen en cada ausencia…en cada nostalgia. Ha destinado su trabajo a encontrar las historias y los rostros humanos detrás de la mística del maguey; en un marco histórico en el que el consumismo desdibuja nuevas narrativas de explotación de los productos orgánicos.

Éste es el anecdotario personal de Laura, la retrospectiva íntima de una larga lucha por recuperar la memoria sensitiva de los individuos, por reconocer el espíritu de la tierra y el alma de sus derivados.

 

¿Por qué dedicar tu vida a la valoración y la promoción del agave?

Soy de la Ciudad de México y aquí vivo. Mi familia tiene una larga tradición con en la producción del pulque. Desde muy niña siempre he estado en contacto con el maguey, desde la parte del pulque; mi abuelo me heredó esa fascinación.

Hace diez años tuve un accidente de trabajo muy fuerte y me inhabilitaron de por vida para seguir laborando en la empresa. Mi rehabilitación, después de estar en coma por varios meses, fue en el rancho de mi abuelo, entre magueyes. Le agradezco a la planta el haberme salvado de la depresión, en un momento en que no sabía hacia dónde dirigirme.

Fue durante esta etapa de recuperación cuando decidí comenzar a difundir el pulque en México. Me convertí en la primera mujer que promovió el rescate de las pulquerías en la Ciudad de México; donde actualmente solamente sobrevive una veintena –de las casi mil 200 pulquerías que proliferaron durante el siglo XX. El principal motivo para iniciar esta travesía, fue darme cuenta de que dichos espacios de tradición se habían perdido, dejando en el olvido una larga herencia cultural y artística –incluso muralística.

¿En qué momento hallaste tu voz como difusora del mezcal?

Empecé a ofrecer catas de pulque en pequeños espacios –a las que llegaban cinco personas-, que crecieron rápidamente. Una de ellas fue en la casa de Emilio “El Indio” Fernández, el gran actor y director de cine mexicano, en la que tuvimos 500 asistentes; la cata fue en la sala, donde filmaron parte de la famosa película Enamorada, protagonizada por María Félix. Esta ocasión fue muy importante porque el invitado especial fue el mezcal; desde entonces empecé a investigar sobre esta bebida, a leer y viajar a diferentes comunidades.

Mis primeros viajes fueron a Puebla. Con el tiempo me adentré a la cultura del mezcal, que si bien no es parte del imaginario gastronómico del altiplano central de México, para mí fue un descubrimiento marcado por diferentes ideologías. Me interesaba saber qué comían las familias mientras fermentaban o cocían el agave; qué comían o tomaban durante las destilaciones… En Oaxaca, estas familias bebían pulque, por eso no se puede negar su importancia, que proviene de las sociedades prehispánicas.

En este marco de reconocimiento e indagación, mi primer proyecto fue la iniciativa “Activismo cultural sobre el agave y derivados” –después nombrada “Impulso Agavería”-, que hoy en día cuenta con más de 60 mil seguidores. Empecé publicando los menús que ofrecían diferentes pulcatas; pero esta página se transformó en una memoria dedicada a la gran agavería en la que vivimos: México.

En retrospectiva, pienso que este camino siempre ha estado marcado por un profundo respeto hacia esa bebida. Sin embargo, he sido cuestionada fuertemente por hablar sobre el mezcal, aun cuando no soy oaxaqueña. Desde los inicios de mi carrera, he recibido muchos ataques por mi labor de difusión de este tipo de destilados, principalmente por ser mujer y haber nacido en la Ciudad de México.

 

¿Cómo ha sido esta lucha en un campo laboral poco extendido para la participación de las mujeres?

Ha sido muy difícil, por tres razones: no soy oaxaqueña, soy mujer y no soy productora –es decir, no soy dueña de una marca. Y según los estándares de los círculos empresariales mezcaleros, estos motivos son suficientes restringir mi libertad de hablar sobre el mezcal; una forma de pensar absurda, pues los empresarios deberían apoyar el interés por difundir una cultura que no les pertenece sólo a ellos, que es de todos.

Por ejemplo, el año pasado formé parte de un grupo de trabajo, integrado por cuatro mujeres provenientes de Michoacán y de Guerrero, que lanzó una iniciativa pública para que la Secretaría de Economía instituyera el término “aguardiente de agave” para denominar al mezcal. Un impulso que, después de una larga jornada, logró su objetivo y derivó en la redacción de una norma publicada en el diario oficial. La referencia que promovimos fue retomada de la Historia general de las cosas en la Nueva España,  escrita por Bernardino de Sahagún.

Con este grupo también estoy sumando esfuerzos en contra del desempeño del Consejo Regulador del Mezcal, pues solamente beneficia a los que tienen más dinero; olvidando su función de velar por los intereses de los productores, quienes son los principales eslabones de esta industria. En esta lucha hemos sufrido muchas intimidaciones, incluso hemos recibido amenazas directas en plena carretera; pero las mujeres del mezcal no vamos a bajar la mano.

 

Durante estos viajes de exploración, ¿qué tipo de relación apreciaste entre los productores y los destilados?

En realidad fue una búsqueda de mi propia historia; de mis raíces y de mi cultura. Descubrí que no importa de qué estado provenga, porque hay una raíz a la que todos los mexicanos estamos abrazados. El maguey es México.

En ese devenir introspectivo, de búsqueda y auto reconocimiento, encontré una idiosincrasia oculta en cada botella; en la forma de las señoras de preparar la comida, de hacer las tortillas. En una atmósfera única, pues al calor del comal narran la historia del mezcal y su inspiración para seguir cultivando esta tradición.

Pero hay una parte muy triste en la forma de comercialización actual del mezcal, porque estas familias producen para marcas distintas, restándole valor a su producto y trabajando a manera de maquila. Hay un conflicto que ha surgido a la par de esta dinámica de hostilidad: ahora los maestros mezcaleros han cotizado su producto, vendiéndolo a altos costos –muchas veces sin contar con una certificación autorizada- con la justificación de “ofrecer una bebida ancestral”. Podrá ser virreinal, revolucionario o independiente… pero están creando letanías paternalistas.  

El paternalismo es un gran mal, que genera discursos de dependencia hacia el gobierno; aun cuando los productores son perfectamente capaces de trabajar en cooperativa y afianzar redes sustentables. Esta actitud ha mermado la difusión del mezcal, pues los maestros buscan promover una marca, en lugar de impulsar la totalidad de una gran riqueza nacional.

 

¿Qué método has encontrado para retomar esta reflexión durante tu actividad como difusora cultural?

Siempre que ofrezco una cata comparto mi visión como mujer. Inicio las sesiones comentando a los asistentes que para poder tomar la bebida que tienen en sus manos, una planta sacrificó su existencia y fue cocida en vida dentro de un horno. De esta forma toman conciencia lo que hay detrás, antes de que cada persona se alimente y beba a través de ella un flujo de energía solar muy especial, que se transmite a sus cuerpos en forma líquida.

También acompaño las catas con videos y archivos fotográficos, para que el público identifique el proceso de producción de estos destilados; busco suscitar una mirada analítica que cuestione el origen de cada elemento que llega a su paladar.

El mezcal es una fuente de información que revela su origen si sabemos escucharlo. Por ejemplo, contiene sensaciones de humedad, que recuerdan la textura del heno o del musgo. Pero es importante aclarar que cada degustación es única, porque se envuelve en la memora sensitiva e histórica del individuo, de acuerdo a lo que ha vivido.

Posteriormente, muestro las variedades del mezcal, que se identifican por muchos factores que impactan en su sabor. Todos los mezcales tienen un sabor particular, aunque sean fabricados con la misma técnica; eso los hace inolvidables. Al calor de esta plática comienzan a surgir las historias del mismo comensal, lo que crea una fuerte unión entre los presentes.

El mezcal une a las personas. Los seres humanos estamos en medio de la tierra y el maguey; nosotros somos el receptor de estos dos seres y recordamos un proceso orgánico para interpretarlos. Decodificamos sus notas, hasta desarrollar un ejercicio de traducción poética.

 

Por último, hablando de poesía e intimidad, ¿cuáles son las cualidades que te pueden enamorar de un mezcal?

Siento una gran fascinación por estos dos seres que no hablan, que no utilizan palabras para comunicarse… por eso he aprendido a ser amante del silencio. Cuando tomo un mezcal, pienso en ésa casualidad de un diálogo inaudible. De esta forma, un momento tan particular me cambia la percepción sobre un país tan grande, con una cultura maravillosa, que puede alcanzar una realidad mejor.

Entonces, advierto esta sensación como una metáfora: para mí el maguey es una mujer, aquélla que sin recibir amor suficiente, sigue dando hijos y ofreciendo su vida en cada entrega. Ella abandona su existencia para que nazca una nueva bebida. Por ello pienso que las mujeres somos como el maguey, porque trascendemos a partir de una reinvención del alma.  

Una respuesta a ““El mezcal es una fuente de información que revela su origen si sabemos escucharlo”: Lala Noguera

  1. ¡Qué increíble publicación es ésta, Lu¡ Como todo lo que escribes. Voy a leerlo con mucha calma e interés. ¡Te mando un abrazo! ¡Papá, que te ama mucho!

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