“Mezcal que sabe a mí”

Como quien bebe sangre de la tierra

Siegrid Wiese, el madrecuishe y la nostalgia


Recuerdo a Siegrid Wiese tomando mezcal con pulcritud en el primer In Situ, el del Txalaparta, acompañándolo con un vaso de agua: un caballito de espadín, seguramente, con el que, como ella misma dice, “no hay pierde”.

Pero hoy, cuando se entra a su estudio, transparente y lúcido –esa sensación despierta— y se ve, al lado derecho, de inmediato, su pieza Como quien bebe sangre de la tierra, y luego, al instalarse uno en el sillón del piso de arriba y ver en la mesita de pinceles y pintura la botella de El Marrano Negro con quizá sólo dos tragos extraídos, se sabe que el ritual entre ella y la bebida es más que pulcritud.

Artista plástica con una obra sólida, definida, digamos, en sus series Evidencialismo –nombre, a la vez, de una corriente artística creada por ella—y Réquiem, de especial significado; nacida en la Ciudad de México en 1980 pero traída a Oaxaca sólo una año después, Siegrid Wiese es una creadora activa que lo mismo organiza sesiones de dibujo desde hace nueve años que  Erótica, una expo mezcla de pintura, gráfica, fotografía, performance y música, que en su quinto año será efectuada en la galería Shinzaburo Takeda de la UABJO en abril próximo.

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“Me gusta el mezcal, me sensibiliza, me hace percibir las cosas con más facilidad; me gusta olerlo, saborearlo, sentirlo: me encanta”.

Eso no quiere decir que tome cada día y menos que pinte alcoholizada. De hecho, “nunca he pintado mezcalizada… bueno, lo hice una vez y después me dio mucho coraje, porque era un cuadro que me iba gustando y al verlo al otro día, me dije: no lo vuelvo a hacer”.

 A “veces me digo: ‘voy a echar mezcal’. Y sé que el hecho de tenerlo en mi cuerpo me sensibiliza,  me hace sentir algunas cosas que después aparecen en mi obra, pero eso es por completo diferente a pintar mientras se está alcoholizada”.

Platica que ha tenido la fortuna de echarse mezcales con Ulises Torrentera, el creador, junto con Sandra Ortiz Brena, de la mezcalería In Situ, quien “sabe muchísimo del asunto: en  buenas charlas, me ha orientado sobre cómo degustar el mezcal, qué es lo que se debe apreciar y qué no”.

–Al entrar a tu estudio, de inmediato se encuentra uno frente a un cuadro sobre mezcal. Cuéntame la historia de él…

Ríe, entre enigmática y melancólica, y cuenta: “Es la única pieza de ese tipo. Le puse título: Como quien bebe sangre de la tierra. Si viste, es una botella con un líquido rojo. Existe. Es la historia personal con un amigo: una vez que estaba yo encantada con el mezcal me dijo que haría uno que iba a saber a mí; fue el de esa botella, resultó rojo, le puso pimiento de ese color o no sé qué, le llamamos sangre de Mayahuel, él decía que era yo. Sentí tan bonito que decidí pintar esa pieza.

“Estoy con un personaje nostálgico, la sombra soy yo, está la botella: es como la sombra de mí a través de la bebida”.

–Qué tan nostálgica eres.

–Mi niñez me causa nostalgia, algunos momentos que vivo intensamente y sé que ya no los volveré a vivir también, la exposición Réquiem

“Es la nostalgia sobre la persona que yo estaba enamorada y que murió, no tenerlo más. Réquiem fue la exposición con la cual cerré un año de luto; lo que pinté dentro de ese tiempo; muy poco, por cierto, porque me costaba mucho trabajo. Fue un compartir y cerrar”.

–¿Eres bebedora pacífica; ya ves que en los 400 conejos ya estamos todos?

–Soy pacífica. Normalmente bebo los fines de semana, uno sí y otro no, porque tengo un hijo y me toca cuidarlo cada quince días. Cuando tomo me da mucha risa, no soy de llorar ni gritar, me pongo feliz, me fluyen las palabras más fácil, puedo tener conversaciones más interesantes y profundas, y eso está chido. Al final, me da sueño.

“Tomo mezcal, y como me da sed, también agua. Entonces, no embrutezco. Me encanta tener esa lucidez que te da el mezcal, como que te abre una parte espiritual: siento yo que me quita la piel y puedo mostrarme tal cual”.

–¿Cuáles son tus mezcales?

–El madrecuishe de Miahuatlán me gusta, el tepextate, el cucharillo que tiene Ulises… me gustan los de agaves carnositos, que sepan como a verde, que no sean secos… y que se me quedé el sabor. El espadín no tiene pierde, pero prefiero el madrecuishe.

Siegrid Wise

Renato Galicia Miguel | Nación Mezcal

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