Mezcal o Komil: urge centrar el debate


 

El pasado 29 de febrero fue publicado en el Diario Oficial de la Federación, el proyecto de Norma Oficial Mexicana que, entre muchas disposiciones, establece la denominación “komil”, para los destilados de agave producidos fuera de las áreas comprendidas en las denominaciones de origen relacionadas con el maguey. Este hecho, hace inminente la aprobación de dicha Norma, pero también es una ventana de oportunidad para exponer, en todas las formas posibles, las razones y argumentos que fundamentan la oposición a dicha denominación. No se trata de caer en radicalismos, sino de entender por qué hay quienes no coinciden con la propuesta.

En el preámbulo del proyecto de NOM-199-SCFI-2015, denominado “Bebidas alcohólicas- denominación, especificaciones fisicoquímicas, información comercial y métodos de prueba”, se establece que la publicación de dicho proyecto, tiene como objeto que todos los interesados presenten ante el Comité Consultivo Nacional de Normalización de la Secretaría de Economía (CCONNSE), del gobierno federal, sus comentarios a dicha norma, dentro de los siguientes 60 días naturales a su publicación en el Diario Oficial.

Esta disposición se complementa con lo que establece el Artículo Primero Transitorio de dicho proyecto que, a la letra, dice: “El presente Proyecto de Norma Oficial Mexicana entrará en vigor a los 60 días naturales siguientes al día de su publicación en el Diario Oficial de la Federación, una vez que sea publicado como norma definitiva.

¿Qué significa todo esto?

Que el CCONNSE, ahora sí ya le puso parámetros de tiempo a la publicación de la NOM-199 como norma definitiva. Pero también que mientras eso ocurre, existe la posibilidad de que los grupos interesados puedan hacer comentarios y propuestas al respecto. Esto significa una enorme oportunidad para los diversos grupos mezcaleros del país, y prácticamente para cualquier persona interesada, de plantear argumentos en contra de denominaciones polémicas como la del komil.

Esencialmente, esto resulta muy importante porque puede ser el espacio idóneo para eliminar los reductos de radicalismo u oposición irracional —que abundan en un tema como éste—, y en lugar de ello establecer los parámetros de una discusión seria. Al final, no se trata de rechazar el komil sólo porque sí, o bajo los anquilosados argumentos del despojo o la conspiración, que lejos de nutrir, empobrecen y banalizan esta y cualquier otra discusión.

Frente a esto, habría que diferenciar entre quienes se oponen a una denominación como ésta, sólo por parecer políticamente correctos, o por seguir la moda de oponerse a todo lo que haga el gobierno, y quienes verdaderamente resienten un despojo y una afrenta por la sola idea de ya no poder utilizar no una denominación, sino una palabra que identifica a un producto que es parte de su tradición cultural, de sus creencias y de su identidad como comunidad.

Vale la pena, en eso, entender también la razón de quienes impulsan la “marca” komil. Según ellos, establecer esa denominación podrá diferenciar a los verdaderos productores de mezcal dentro de las áreas y las certificaciones ya establecidas, de quienes medran con otros alcoholes, muchas veces intervenidos o adulterados, que no son mezcal, pero que los presentan al público como tales para engañarlos, sorprenderlos y esquilmarlos, ofreciéndoles un producto de mala calidad, que deja una pésima impresión entre el consumidor, y que además puede ser dañino para su salud.

Hasta ahí podemos entender, y hasta apoyar, tal medida.

 

 

¿Dónde discrepamos?

En el hecho de que finalmente la denominación komil está determinada por las denominaciones de origen. Es decir: no importa si una región, de cualquier estado del país, tiene tradición histórica y cultural de producir algún destilado de agave. Si se encuentra en la situación de que el gobierno de su estado nunca tuvo el cuidado de proteger su denominación o de hacer las gestiones para incluirlo dentro de una de las ya existentes, entonces está condenado a llamar su producto “komil”.

Ya en eso, no importa si hay tradición, si es parte de su cultura, si es un producto orgánico o si hay antecedentes históricos de su producción. Una mala gestión gubernamental, los va a ubicar en ese supuesto, en el que komil será una moderna Letra Escarlata no para denominar, sino para reducir y estigmatizar, a todo lo que no está dentro de una denominación de origen y tiene como ascendencia el agave.

En ese supuesto se encuentran varias regiones mezcaleras de Oaxaca, y de 28 estados más del país donde se produce el destilado conocido culturalmente con ese nombre. Por ejemplo, la región mixteca oaxaqueña produce mezcales de gran valor y propiedades organolépticas, que pueden competir con las mejores bebidas alcohólicas del mundo, pero que no tienen denominación de origen. Así, en términos simples, eso ubicará a esos mezcales inmejorables, en la misma condición de ominosa homogenización, con los alcoholes adulterados que se quieren combatir con el impulso a dicha denominación. Es, pues, una condena por olvido, por marginación, o por negligencia gubernamental.

¿Qué hacer? Es un gran reto para la Secretaría de Economía y las organizaciones de mezcaleros en México, que están oponiéndose a la NOM-199 en lo relativo al komil. Ellos tienen la oportunidad de entablar un diálogo que brinde equidad y capacidad de diferenciación en la implementación de medidas para proteger a los verdaderos destilados de agave en México, de las bebidas impostoras y sin valor económico, cultural o químico.

Si no lo hacen, y considerando el nuevo marco constitucional de los derechos humanos y la protección nacional e internacional de los derechos de los pueblos y comunidades indígenas, este asunto terminaría judicializado.

No hay necesidad de eso.

Lo que hace falta es entender verdaderamente lo que ocurre, y que todos —sin prejuicios— tengan la capacidad de dialogar y entenderse.

Adrián Ortiz Romero Cuevas | Nación Mezcal

 

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