Cuando el mezcal tiene mucho que ver con ser de Oaxaca

PCano

 

Rigoberto Perezcano: cineasta, melómano y fanático de la bebida

“Me parece que con el boom le ha ido muy bien al mezcal, pero también que lo ha puesto en un lugar en el que nunca quiso estar”.

 

Es el director de la cinta Carmín tropical (2014) quien sostiene lo anterior. El oaxaqueño Rigoberto Perezcano se declara un “fanático del mezcal”, aunque, “como todos, le tengo mis reservas”, y respecto a su afirmación inicial añade: a la cultura de la bebida “no le interesa que esté de moda y tenga los precios que tiene, en este sentido el buen mezcal no existe” ─ahí de cada quien si “sabe qué paga y qué no”─, pues finalmente ése “es uno que a ti te guste”.

 

Antes, el realizador de Norteado (2009), nacido precisamente en la población zapoteca Villa de Zaachila en 1970, expone un punto que en estos tiempos, quién iba a imaginar, puede sonar controvertido: “creo que ─el mezcal─  tiene muchísimo que ver con el nacer aquí ─en Oaxaca─ y también que no es una bebida para tomar al instante, que primero hay que conocerla, saber realmente de ella.

 

“Sin embargo, mi propósito de Año Nuevo es dejar de beber un poquito, así que no puedo profundizar más porque se me está antojando un mezcal, ja ja ja”…

 

¿Un mezcalito?

 

Aunque “en mi caso sí me echo una copita de vino o de mezcal y luego me pongo a escribir, no bebo ni bebería durante el proceso, porque si sigo me dan más ganas de salir a bailar o hacer otras cosas que ponerme a trabajar”, aclara Perezcano, a quien, por cierto, hasta el momento no le ha interesado de forma particular incluir o tomar como tema a la bebida de marras en sus filmes, si bien en Norteado hay una escena en una cantinita de Tijuana en la que aparecen mezcales.

 

─Fernando Benítez apuntó por ahí que un toquecito de mota, muy leve, podía servir para incentivarse en la escritura, pero sin clavarse…

 

─En el caso del mezcal, si te clavas y escribes, al otro día, con una cruda espantosa, lees lo que hiciste y te das cuenta que perdiste el tiempo de una manera tremenda.

 

Ahora, “cada quien tiene su fórmula, sus métodos o estrategias para ser lúcido en su proceso creativo. Reconozco, por mi parte, que sí me echo un mezcalito antes de escribir o me tomo algo que me ayude a relajarme, a entrar a ese estado de sensibilidad  para encontrar eso que quiero en la escritura”.

 

Pero “dentro del rodaje de una película no lo recomiendo”, comenta y complementa:

 

“Es muy difícil encontrar en México a alguien que esté bebiendo durante un rodaje, porque me parece que tiene que existir una lucidez, una comunicación entre colaboradores… obvio, han habido grandísimos directores que bebían en el set, pero yo no creo que sea capaz de estar tomando ahí ni pienso que lo haré nunca”.

 

El asunto es distinto

 

Rigoberto Perezcano, el cual se dio a conocer con el mediometraje XV en Zaachila (2003), se dice un “fanático del mezcal”, al cual le tiene “mucho cariño y respeto”. Melómano incorregible, le tocó estar de DJ en el entonces Salón Central  ─el del pintor Willy Olguín─  y “cuántos mezcales no tomaba” cuando ponía música:

 

“Soy melómano, cuando surgió la invitación del Central, pues imagínate, somos amigos, compadres ─él y Olguín─, fue una noche agradable… luego fueron todos los fines de semana, yo quise muchísimo ese lugar, porque me invitaban los tragos mientras ponía música, ja ja”.

 

─Melómano y mezcalitos, pues…

 

─Sí, pero tiene un costo, uno tal que al otro día dices: “ya no lo vuelvo a hacer”, y luego el fin de semana siguiente lo estás haciendo otra vez.

 

─¿Qué tan fanático del mezcal eres, toda vez que tu escuela es Zaachila, una muy anterior a cualquier boom o moda?

 

─Mi abuelo, mi familia, siempre han cultivado el gusto por el mezcal. Personalmente, me gusta y lo respeto muchísimo, es una bebida que la tomo solamente aquí, cuando voy a la Ciudad de México o estoy fuera, procuro no tomarlo, porque está muy caro, es una moda.

 

“El mezcal va mucho más allá del boom, que va a ser pasajero, pero seguramente la bebida va a tener la fuerza para trascenderlo y seguir existiendo. Ahorita si lo bebes eres un chingón, pero eso no importa, tiene una fuerza ancestral para continuar, y si no está de moda, pues mejor, porque vamos a seguir bebiéndolo porque nos gusta y porque vale, y no por  mezcales que te dicen este es su precio pero no tienen el valor que uno considera debería”.

 

─Hay un nuevo estilo de tomar mezcal, pero con el bebedor oaxaqueño el asunto es distinto…
─Sobre todo hay mezcales que cuando ves el precio, dices no. Mejor me tomo, en ese caso, un whisky u otra bebida que no sea tan cara: me parece que con el boom le ha ido muy bien al mezcal, pero también que lo ha puesto en un lugar en el que nunca quiso estar”.

Renato Galicia Miguel | Nación Mezcal

 

 

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